El Girona logró tres puntos de oro en un gran paso para tener mucho más cerca la permanencia en Primera. Los catalanes vencieron al Villarreal con el solitario tanto de Pau Navarro en propia puerta. Groguets y blanc-i-vermells cerraron la día tras el parón de elijas , en una cita con instantes de todas las clases. El primer tiempo estuvo marcado por un cuadro local que supo anular a los de Marcelino, precisamente una figura que atemorizaba en tierras gerundenses por su gran bagaje en Montilivi.
Ni el Villarreal conocía la derrota en encuentros de Primera, ni el técnico del submarino tenía mal recuerdo: seis victorias, un empate y tan únicamente una derrota.
Por si fuesen pocos los precedentes, Vanat levantó la mano a los diez minutos. El ucraniano sintió un pinchazo en su muslo y debió retirarse del césped a las primeras de cambio. Fue el turno , entonces, para un Abel Ruiz con la clara misión de reivindicarse.
Los visitantes tomaron más riesgos de lo habitual , con algunos errores en salida que brindaron alas a los gironins. El muro groguet se escapó más de una vez ante un Girona que llegaba, aunque con falta de rebeldía.
La insistencia y el dominio, pero, terminó siendo premiado tras un centro de Arnau intentando encontrar a Abel Ruiz y con Pau Navarro metiendo el balón en su portería (45’ +1). Fue un gol psicológico.
Sí reaccionó el Villarreal tras la charla del reposo , si bien no duró mucho más de una cuarta parte de hora. Vitor Reis evitó el gol de Mikautadze al poco de reemprender el juego, pero eso quedó en anécdota hasta los últimos minutos de partido.
En consecuencia , el dominio fue de los de Míchel, que avasallaron ofensivamente con Ounahi, Tsygankov y un Abel Ruiz muy activo. Hasta Witsel la tuvo tras una triple ocasión de los catalanes. No obstante , el partido siguió abierto pues los locales llegaban, pero asimismo perdonaban.
Otra lesión llegó para el cuadro local, y fue en una acción donde Blind se dejó el tipo para evitar un remate. El neerlandés se marchó , si bien con ovación incluida. Faltaban veinte para los noventa y los groguets proseguían sin conseguir la tecla.
Las fuerzas flaquearon en los últimos minutos. Tanto es conque prácticamente todos los cambios de Míchel tuvieron mucho que ver con molestias , rampas y lesiones. El técnico agotó sus cartas más por obligación que por conceptos tácticos.

